Mejora continua: una apuesta de futuro
Los paros de máquina y los fallos que encontramos a diario en las fábricas parecen inevitables y a menudo, se ven como una fatalidad.
Ante esas situaciones se opta por aportar una solución rápida que permite restablecer la producción sin demora.
Pero, aunque no siempre seamos conscientes de ello, estas decisiones no suelen ser productivas a largo plazo y conllevan pérdida de tiempo y de dinero.
Aplicar la mejora continua de forma sistemática es sin duda una solución eficaz para reducir a largo plazo los fallos en la producción y fortalecer nuestros procesos productivos.
Sin embargo, muchas empresas no se atreven a dar el paso.
¿Realmente funcionará? ¿Vale la pena invertir dinero en ello cuando conseguimos solucionar las averías sin aplicar una metodología compleja y cuyos resultados no se ven de forma inmediata?
Os explicamos en 4 puntos porque a nosotros, sí nos convence.
No nos dispersamos, apuntamos a la raíz del problema
La mejora continua se distingue por su rigor a la hora de entender el origen de los fallos. Gracias a un análisis exhaustivo del proceso y de su entorno mediante sencillas pero potentes herramientas como el diagrama de Ishikawa, se consigue examinar todas las eventuales causas de los fallos, proponer varias hipótesis y finalmente establecer un diagnóstico fundado que nos lleve a la causa raíz. De esta forma, no dejamos nada de lado y evitamos acciones inútiles o ineficaces a largo plazo.
Aportamos una solución sólida
Gracias al análisis del proceso y apoyándonos en los datos precisos que recopilamos conseguimos identificar problemas concretos. En este momento utilizamos la matriz de esfuerzo/impacto para poner en marcha un plan de acción adaptado a los recursos que tenemos. De este modo nos focalizamos en aportar una solución sólida y fiable que permitirá hacer el proceso más robusto.
Miramos a largo plazo
Esta visión integral del proceso productivo no solo permite resolver los fallos actuales sino, lo que es más importante, previene futuros fallos. Gracias al mantenimiento preventivo conseguimos hacer un seguimiento continuo de las instalaciones, reforzar el proceso y hacerlo más sostenible.
Aumentamos de manera significativa los puntos de OEE (Eficacia global de equipos productivos) y la calidad del producto
Resolver fallos recurrentes y prevenir nuevos fallos tiene un impacto enorme en la producción. Esto nos permitirá, tanto a corto y como a largo plazo aumentar significativamente los puntos de OEE, es decir, mejorar la productividad, proporcionando un importante retorno sobre inversión. Esta práctica no solo mejorará el coste final de nuestro producto sino también su calidad.